
«Se fue a buscar un futuro y nos la devuelven en un cajón», dijeron familiares de Camila, la enfermera asesinada
ClaudiaEl sueño de una joven enfermera rosarina de formar parte de la Gendarmería Nacional terminó en tragedia a más de 900 kilómetros de su casa. Camila Agustina Vecchiarello, de 26 años, fue hallada asesinada a estocadas en la vivienda que alquilaba en la localidad sanjuanina de Barreal, departamento Calingasta. Por el hecho fue imputado su esposo, Carlos Gonzalo Riveros (25), bajo la carátula de femicidio y homicidio agravado por el vínculo.
La alarma la dieron las propias compañeras de Camila al notar su ausencia sin aviso en el escuadrón. Al acudir a la finca donde convivía con su pareja, la policía sanjuanina se encontró con una escena desgarradora: la joven yacía sin vida sobre la cama con múltiples heridas de arma blanca en el rostro, el cuello y signos de haberse defendido. A su lado, inconsciente y con heridas autoinfligidas, estaba Riveros.
Detalles de la causa
Los peritajes forenses confirmaron no solo la saña del ataque, sino también que Camila se encontraba gestando un embarazo. En la vivienda, los investigadores secuestraron el arma blanca utilizada y una carta manuscrita por el sospechoso en la que le pedía perdón a ambas familias.
Riveros, oriundo de Salta, también había viajado a San Juan para ingresar a la fuerza, aunque había sido dado de baja días antes del crimen.
La causa quedó en manos de la UFI Delitos Especiales de San Juan. En la audiencia de formalización, la Justicia dictó la prisión preventiva para el imputado mientras se completa la investigación penal preparatoria.
El femicidio conmocionó tanto a la comunidad sanjuanina como a sus allegados y colegas en Rosario, quienes la recordaron por su vocación de servicio y el entusiasmo con el que encaró su traslado al oeste argentino para cumplir su meta profesional.
Entre el dolor inconsolable y el reclamo urgente de justicia, la familia de Camila reconstruyó en Rosario las sospechas que los acechaban antes del desgarrador desenlace. «Empezamos a dudar de quién contestaba los mensajes; le decía a mi mamá que la llamara para verla. Olfateábamos cosas, pero uno jamás se imagina este final», relató su hermano Matías, al recordar cómo la distancia geográfica volvía fragmentarias las alertas. A las sospechas sobre el uso manipulativo del teléfono tras el crimen, su hermano Hernán sumó el pedido desesperado para repatriar el cuerpo por vía aérea: «Hay una madre enferma que está desesperada; exigimos que la traigan a Rosario en avión y que esto no quede impune, ni por Camila ni por ninguna mujer que sufra violencia». En San Juan, devastado e invadido por las lágrimas durante la marcha vecinal, el padre de la joven apenas pudo articular palabras, sintetizando el sentimiento de toda una comunidad que hoy despide a una joven llena de sueños y exige la pena máxima para el agresor.


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