El cruel negocio atrás de los lobos marinos: Uruguay los vende a privados que los llevan a acuarios chinos

Por cada macho cobra 87 mil pesos y por la hembra 118 mil. La zafra arranca el próximo martes y termina el 31 de octubre. Son exportados a países asiáticos, que los destinan a acuarios. ¿Qué controles existen? ¿Y cuál es el beneficio para el país?

Curiosidades02/04/2025ClaudiaClaudia
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Cada año, del 1º de abril al 31 de octubre, Uruguay habilita la captura y venta de lobos marinos vivos para su exportación. Hablamos de esos mismos que toman sol en Cabo Polonio o se los ve como un atractivo en el puerto de Punta del Este pidiendo comida a los turistas y pescadores.

Estos animales son considerados un recurso, como los peces, y bajo esa lógica se comercializan. El destino de estos mamíferos costeros uruguayos es “entretener” o ser una “atracción”, por eso se exportan a parques acuáticos, reservas y zoológicos, principalmente en países asiáticos. Son capturados cuando aún son crías, tienen menos de un año de vida y están recién destetados de su madre, lo que facilita su adaptación al cautiverio y su posterior adiestramiento. Tienen que aprender a comer pescados y no peces vivos, como lo hacen en estado salvaje. También a familiarizarse con los humanos, porque pasarán a depender de sus cuidados y de la alimentación para sobrevivir.

Viajan en avión a su destino en condiciones que preocupan a especialistas en bienestar animal consultados para este informe. Una de las razones es que, desde hace décadas, los animales que son trasladados a otros países suelen provenir del cierre de zoológicos para ser reubicados en reservas con mejores condiciones, y no son extraídos de su hábitat natural para ser domesticados. Sin embargo, desde la Dirección Nacional de Recursos Acuáticos (Dinara) informan a El País que se siguen estrictos procedimientos para garantizar la salud y el bienestar de los lobos marinos, tanto durante el traslado como en su destino final. En el proceso tienen que participar veterinarios contratados por los privados, además del control realizado por los técnicos de la Dinara.

Lourdes Casas, fundadora de la ONG Socobioma, que trabaja en la rehabilitación de fauna marina en Maldonado, dice que los procedimientos de exportación de lobos marinos fueron históricamente opacos. “Se supone que van a oceanarios, pero esa información no te la brindan cuando hacés un pedido de informes. No hay una real trazabilidad de seguimiento de a dónde van”, dice Casas. El Estado vende a privados y luego de un tiempo estos colocan a los animales en el exterior.

Casas cuestiona que el dinero por la venta vaya a rentas generales, y no a algún programa concreto sobre fauna marina. “Es un negocio en el que el privado se queda con toda la ganancia, mientras que el Estado apenas recibe algo a cambio”, señala. Para ella esto es una mínima punta de todo el asunto.

Por cada macho Dinara cobra 87.000 pesos uruguayos (unos US$2063); por cada hembra, 118.000 (unos US$2798). Los compradores privados obtienen ganancias aún mayores al revenderlos a instalaciones donde los lobos son entrenados para espectáculos o interacción con el público. Según el adiestramiento del animal, que realizan en Uruguay los privados que compran al Estado, el precio puede rondar los 25.000 dólares. Varía si es hembra porque existe una baja posibilidad de que se reproduzca estando en cautiverio y por eso el valor final puede ser mayor.

En algunos acuarios los presentan como focas, por su parecido físico y también por las capacidades de imitar a los humanos. El que no tiene el ojo entrenado los puede confundir y donde se dice que hay una foca, en realidad hay un lobo marino (especie Arctocephalus australis) o lobo fino uruguayo. Esta es la historia de un negocio que parece extraño a simple vista y deja varias preguntas abiertas. ¿Qué controles existen sobre este proceso? ¿Cómo afecta a los animales? ¿Y cuál es el verdadero beneficio que tiene el país al vender estos animales salvajes y nativos?

Son negocio desde la llegada de Solís al Río de la Plata

La primera matanza documentada de lobos marinos en la región ocurrió en 1515, tras la muerte del navegante Juan Díaz de Solís a manos de los indígenas. Parte de su tripulación desembarcó en la actual Isla de Lobos y sacrificó 66 ejemplares para comer en el viaje de regreso a Europa.

Durante la época colonial, la explotación de lobos marinos estaba bajo el control directo de la Corona española y era llevada a cabo por la Real Compañía Marítima. Entre 1873 y 1900, la caza indiscriminada cobró la vida de 454.000 ejemplares.

Ya en el siglo XX, el Estado uruguayo comenzó a regular la actividad, aunque sin una protección real de la especie. En 1911, durante la segunda presidencia de José Batlle y Ordóñez, se creó el Instituto de Pesca. Cinco años después, el Estado adquirió 127 hectáreas en Cabo Polonio para supervisar la faena de lobos marinos. En 1922, una ley otorgó al Instituto de Pesca el control de estas actividades, y en 1933 pasó a depender de la Armada Nacional, que estableció las primeras regulaciones para la caza.

Hasta comienzos de la década de 1940, las loberías uruguayas fueron manejadas por privados. Sin embargo, cuando las poblaciones de lobos y leones marinos comenzaron a disminuir, surgió la preocupación por la conservación del recurso. En respuesta, se creó el Servicio Oceanográfico y de Pesca (SOYP), que aplicó un manejo más estricto de la explotación. El cambio más significativo llegó en la década de 1950, cuando el zoólogo uruguayo Raúl Vaz Ferreira viajó a las islas Pribilof, en Alaska, y observó un modelo de caza más sostenible. Allí se protegía a los lactantes y a las hembras, sacrificando solo a los machos de ciertas edades. Inspirado en este sistema, Vaz Ferreira promovió su implementación en Uruguay, permitiendo así una recuperación gradual de la población de lobos finos.

Los datos sobre la capturas

La venta de lobos marinos vivos es la continuación de una larga historia. Desde la llegada de los europeos a estas costas en 1515, los lobos y leones marinos fueron vistos como una fuente de carne, piel y grasa. En 1991 Uruguay prohibió la matanza de lobos marinos. El negocio mutó y la venta de ejemplares vivos se consolidó como una nueva forma de aprovechar “el recurso”. Hoy también está prohibida la captura de leones marinos, entre otras razones porque su población no ha crecido y se pretende cuidar a la especie nativa. Los que sí se capturan son los de menor tamaño: los lobos.

La exportación mostró fluctuaciones significativas en la última década, con un marcado descenso en los últimos años; para las autoridades esto tiene que ver con un cambio cultural que ya no ve tanto atractivo en mantener estos animales en cautiverio pero además con la pandemia y la gripe aviar. Entre 2012 y 2019, Uruguay exportó cientos de ejemplares.

Los datos del Departamento de Mamíferos Marinos, a los que accedió a El País, están clasificados según la fecha de entrega de los ejemplares a las empresas exportadoras y no por la fecha de exportación. Los registros oficiales indican que en 2012 se vendieron 67 lobos marinos, cifra que descendió a 55 en 2013. Luego las ventas aumentaron progresivamente, alcanzando 131 ejemplares en 2015 y un pico de 166 en 2016. En 2017, 164 lobos, de los cuales 128 tuvieron como destino China. Este es el país que más animales recibió, con un total de 677 desde 2012 hasta la actualidad.

Otros mercados importantes fueron Tailandia (28 ejemplares), Vietnam (28), Ucrania (25), Japón (24), Indonesia (22), Filipinas (14), Myanmar (10) y Rusia (8).

La actividad sufrió un quiebre en 2020, cuando las capturas fueron suspendidas debido a la pandemia de Covid-19. En 2021 se concretó la venta de diez ejemplares, seis hembras y cuatro machos. La detección de gripe aviar H5N1 llevó a la prohibición de capturas en 2023 y en 2024 no hubo solicitudes de compra por las empresas habilitadas, según informan desde la Dinara; se cree que esto es por la influencia de la gripe. Los lobos marinos pasaron dos pandemias, una después de la otra.

Sin embargo, para la integrante de Socobioma durante la pandemia se dieron episodios extraños. “Sabemos que habían comprado unos lobos que nunca salieron del país, pero no sabemos cuál fue su destino final. Cuando tratamos de investigar, nunca obtuvimos respuesta”, cuenta Casas.

La Gripe aviar H5N1 afectó a los leones marinos

Los más afectados en Uruguay por el virus H5N1 fueron los leones marinos, y no los lobos, que son los que se capturar para exportar. La mortalidad estimada para esta especie alcanzó los 1465 individuos, lo que representa el 15% de su población en el país, según una articulo de la Facultad de Ciencias de la Universidad de la República. Se estima que unos 10.000 leones marinos habitan el territorio nacional. Por el contrario, la población de lobos marinos es significativamente mayor, con alrededor de 100.000 individuos en todo el país.

Hoy solo dos empresas privadas tienen permiso para este negocio, pero no es que esto les dé carta abierta para capturar en cualquier momento y bajo cualquier circunstancia.

Desde el 1º de abril y hasta el 31 de octubre los animales son capturados en la Isla de los Lobos, un lugar que en el pasado fue escenario de caza de estos ejemplares. Antiguamente eran llevados a grandes corrales y sacrificados de un golpe en la cabeza. Los “loberos” desarrollaron una gran destreza en esta práctica. Aunque hoy el proceso es muy distinto, muchos cuestionan los métodos actuales de captura. Los lobos son tomados de la costa y permanecen encerrados en jaulas hasta su traslado a tierra firme. Como pueden pasar varios días en esas condiciones, algunos no sobreviven al proceso.

En el Cabo Polonio

Daniel Machado trabajó en las viejas loberías de Cabo Polonio; su padre y tíos fueron capataces. Aún vive ahí. Él estuvo dos años en el rubro, hasta que la actividad se prohibió en 1991. Hoy se dedica a la gastronomía y dice que gran parte de los viejos “loberos” ya no están en Cabo Polonio. “En su momento algunos se dedicaron a la pesca, otros se fueron, pero mucha gente empezó con el turismo”, cuenta.

La forma de caza era bastante violenta, reconoce Machado, porque los animales eran adultos de gran tamaño y con fuerza. Los ejemplares machos son territoriales y pelean entre sí para llegar a ser el líder y tener “mejor acceso” a las hembras en celo. “En Isla de Lobos se encerraban y se cazaban en corrales. Y en las islas de acá de Cabo Polonio se los arrinconaban y se cazaban ahí”, recuerda Machado. Su familia llegó a la ahora reserva natural por la zafra de caza de estos animales.

En aquel momento se usaban básicamente dos partes del animal, el cuero y los testículos de los machos, que eran vendidos a países asiáticos que los compraban con fines afrodisíacos. El cuero por lo general se exportaba, pero también se realizaban prendas acá, desde abrigos a carteras o zapatos. También en un momento se usó la grasa para iluminar y algunas culturas buscan los dientes porque representan poder.

Para este hombre nacido en Cabo Polonio, lo de aquellos años no era un trato agradable para el animal “pero era lo que se conocía, ahora se mira con otros ojos”, dice. Hoy convive con los lobos marinos, y afirma que también es cuestionable lo que se hace. “No creo que sacar al animal de su hábitat sea bueno, no hay lado positivo en eso de que estén en zoológicos o parques”, opina.

Ernesto Chiesa, licenciado en oceanografía biológica y funcionario de la Dinara, explica que la captura se lleva a cabo en un momento particular del ciclo de vida de los lobos marinos. “Se capturan ejemplares que están recién destetados, es decir entre los ocho meses y un año. La madre los abandona naturalmente para que aprendan a pescar solos, y en ese momento el lobo no le tiene miedo al ser humano, lo que facilita su captura y posterior adaptación al cautiverio”, dice.

El proceso de captura no es aleatorio. Es controlado y regulado por la Dinara, que establece rigurosos parámetros para garantizar que los animales capturados sean aptos para transportarlos a acuarios. “El animal tiene hambre y por instinto se acerca a quien lo alimenta. Pasa a ser como una ‘madre sustituta’. Si se captura un lobo mayor, que ha pasado toda su vida en el mar cazando por sí mismo, el animal sufriría un gran shock”, explica Chiesa. Podría no adaptarse y morir.

En cuanto a la alimentación, el lobo en cautiverio no tiene problema en consumir pescado muerto o vivo, siempre que aprenda a hacerlo. Este tipo de dieta no altera su bienestar, siempre que se mantenga la frescura del alimento. ¿Y cuánto viven? Chiesa dice que unos 20 años, aunque su esperanza de vida se incrementa en cautiverio debido a la atención veterinaria constante.

Además de los trámites para obtener el permiso, la Dinara establece requisitos estrictos sobre el tamaño y la edad de los animales que se pueden capturar. “El lobo marino, que es el que se captura, pesa entre 30 y 35 kilos cuando es recién destetado. Los animales no pueden ser mayores”, explica el experto.

Chiesa admite que, aunque la captura se lleva a cabo bajo estrictas condiciones, no deja de ser una práctica que genera dudas, especialmente respecto al bienestar de los lobos y el impacto sobre su ecosistema. Porque el debate sobre la ética de la explotación de animales para el entretenimiento humano continúa siendo un tema de discusión en Uruguay y en el mundo.

Mercurio: un metal tóxico y su impacto en los océanos

Valentina Franco-Trecu lleva más de dos décadas estudiando a los lobos y leones marinos. Su carrera comenzó con una tesina sobre el comportamiento maternal en lobos marinos, con la que obtuvo su título de licenciada en Ciencias Biológicas en la Facultad de Ciencias de la Universidad de la República (Udelar). Luego hizo su maestría y doctorado en Udelar, donde estudió diversos aspectos de los hábitos alimenticios de estas especies. Hoy, su trabajo tomó un nuevo rumbo: investigar los niveles de mercurio.

El mercurio ingresa a los lobos y leones marinos a través de la dieta. “Venía estudiando la alimentación y se viene documentando los efectos adversos de niveles de mercurio en otras poblaciones”, cuenta Franco-Trecu. Ahí es que contacta al ecotoxicólogo Javier García-Alonso, para trabajar en conjunto y poder estimar los niveles de este metal ejemplares uruguayos.

Los investigadores analizaron muestras de pelo recolectadas entre 2006 y 2024. Los resultados sorprendieron, en particular, las hembras de leones marinos presentaron niveles de mercurio “altísimos” en comparación con estudios de otras poblaciones. Este metal es altamente tóxico, no solo para los animales marinos, sino también para los seres humanos. El caso emblemático es el de Minamata en Japón, una fábrica vertía residuos en el mar y la población, que se alimentaba de peces y mariscos, comenzó a sufrir graves enfermedades neurológicas y malformaciones en recién nacidos.

Aunque el estudio aún está en desarrollo, Franco-Trecu advierte que los hallazgos son un llamado de atención. “Entender lo que ocurre con los lobos y leones marinos nos ayuda a comprender el estado de los ambientes donde se alimentan y, en última instancia, potenciales riesgos a los que también enfrentamos como sociedad”, concluye.

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