
Con la llegada de la primavera, aumenta la presencia de polen en el aire, con ella, pueden aparecer o intensificarse los síntomas de las alergias estacionales, entre los cuales se encuentran estornudos, congestión nasal, picazón, ojos llorosos y hasta dificultades para respirar.
“Se estima que más del 20% de las personas suelen desarrollar una alergia al polen, pero aún existe un alto grado de subdiagnóstico por la baja consulta o derivación alergológica de pacientes con síntomas de rinoconjuntivitis que tienden a persistir indefinidamente en el tiempo e incluso a agravarse, ya que el 40% de los pacientes puede desarrollar asma bronquial”, señaló la Dra. Raquel Rodríguez (M.N. 115.003).
La especialista que es jefa de la División Alergia e Inmunología del Hospital de Clínicas de la UBA explicó que “la alergia estacional, también conocida como polinosis, es la que aparece solo durante determinadas épocas del año por una mayor exposición a los pólenes de ciertas plantas que durante la etapa de floración pueden encontrarse en altas concentraciones en la atmósfera”.
“Su temporada se extiende desde el inicio de la primavera hasta el final del otoño. Como los granos de pólenes son de tamaño microscópico, se transportan con facilidad por el aire haciendo que todo el mundo pueda respirarlos, comportándose frecuentemente como irritantes mecánicos, o bien, actuando como verdaderos alérgenos solo en aquellas personas susceptibles de desarrollar una alergia por su predisposición genética (atopía)”, añadió la Dra. Rodríguez.
Además, indicó que “los árboles polinizan en la primavera, las gramíneas al final de la primavera y principios del verano, y las malezas a finales del verano y principios del otoño, todo este movimiento hace que se manifiesten cuadros alérgicos en personas sensibilizadas a uno o varios de estos pólenes”.
“Las condiciones meteorológicas influyen sobre la cantidad de polen ambiental, siendo mayor en los días soleados, secos y ventosos, mientras que se reduce con la humedad y la lluvia”, dijo y, en ese sentido, añadió: “Se observa que el calentamiento global y la polución ambiental (partículas diésel de los vehículos) están provocando que los períodos de polinización de las plantas se inicien antes de lo normal y que estos sean más prolongados e intensos”.
Los síntomas más frecuentes y cómo se detecta
La alergia estacional puede manifestarse principalmente a través de síntomas nasales y oculares y, en algunos casos, también comprometer la vía aérea bronquial:
- Rinitis alérgica: inflamación de la mucosa que reviste la nariz, que puede incluir secreción acuosa, estornudos, obstrucción nasal y picazón en la nariz, el paladar y la parte posterior de la garganta.
- Conjuntivitis alérgica: puede provocar picazón y lagrimeo de los ojos, congestión ocular e incluso edema de párpados.
- Síntomas bronquiales: la presencia de tos y sibilancias puede hacer sospechar una asociación con el asma alérgico.
“Cuando estos síntomas se hacen persistentes pueden afectar las actividades diarias, como el rendimiento escolar y laboral, e incluso hay dificultades para dormir, generando un fuerte impacto en la calidad de vida”, señaló Rodríguez.
En tanto, la detección es fundamental, ya que la polinosis puede estar subdiagnosticada y presentarse a cualquier edad. Una de las principales señales de alerta es que los síntomas aparezcan o se intensifiquen durante determinadas épocas del año, coincidiendo con los períodos de polinización.
Ante esta situación, es recomendable consultar con un especialista en alergia, quien podrá confirmar el diagnóstico mediante pruebas específicas, como las pruebas cutáneas (prick test) y los análisis de sangre para detectar IgE específica.
Además, identificar qué pólenes desencadenan la reacción y en qué meses se encuentran presentes permite conocer los períodos de mayor exposición y adoptar medidas generales para reducir el contacto con estos alérgenos.
“El diagnóstico correcto y tratamiento oportuno resulta efectivo para minimizar y controlar los síntomas en la gran mayoría de los pacientes, lo que constituye una gran mejoría en su calidad de vida”, resaltó la especialista.
“Los pilares del tratamiento consisten en minimizar la exposición a los pólenes y el uso de fármacos para el control de los síntomas. Estos últimos se indican con relación a la localización e intensidad de los síntomas del paciente, para ello contamos con una amplia disponibilidad de medicamentos que, usados de manera adecuada y controlada, alivian los síntomas de forma temporal”, dijo.
Finalmente, agregó: “Pero, cuando el tratamiento sintomático convencional no es suficiente o el impacto en la calidad de vida del paciente es alto, disponemos de vacunas para la alergia con extractos de uno o varios pólenes identificados como responsables de la alergia del paciente (inmunoterapia alérgeno específica), y que resulta el único tratamiento capaz de modificar la evolución natural de la enfermedad y enseñar al sistema inmunológico a tolerar el polen”.



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